14 diciembre, 2015
"Todos los políticos mienten. Algunos más que otros"
12 diciembre, 2015
Las subidas y bajadas de impuestos
10 agosto, 2015
Manipulación estadística
En una columna del "Defensor del lector" del diario El País, se excusaba de rebajar en dos millones el número de parados.
Las cifras del paro
06 junio, 2008
El coordinador de sección electoral
“Si España cuenta en la actualidad con 35.639 secciones electorales, el PSOE deberá contar con 35.6839 coordinadores de sección”, dice el documento.
Estos coordinadores recibirán información, formación y los instrumentos necesarios para realizar sus funciones que serán las de realizar las campañas de información que elabore el PSOE en los respectivos ámbitos, canalizar hacia la estructura del partido las demandas de los ciudadanos, desarrollar una tarea permanente de contacto con el vecindario y serán los responsables de sacar el partido a la calle.
Todo ello contará con un plan estratégico elaborado por la Comisión Ejecutiva Federal y una Intranet con información sobre la tarea a realizar por estos coordinadores que su labor no será sólo para el periodo electoral sino con carácter permanente.
Digamos que es una forma de unificar criterios de comunicación pública de partido, coordinar mensajes y dar mayor visibilidad y presencia al partido en todos los entornos de las grandes, medianas y pequeñas ciudades.
04 junio, 2008
Expertos en sondeos y publicistas como directores de campañas políticas

Matt Bai, periodista del “The New York Times” publica en ese diario un artículo titulado “En la pugna Clinton-Obama, es el experto en sondeos frente al publicista”.
Clinton tiene como director de su campaña a Mark Penn, especializado en sondeos, y Obama, a David Axelrod que viene del mundo de la publicidad, el adorno y los mensajes con contenido y cortos. Hoy podemos saber, dado que Obama será el candidato demócrata a la presidencia de los EEUU que ha ganado el publicista frente al experto en sondeos y encuestas.
Les dejo con el artículo:
“Los demócratas suelen hacer famosos a sus asesores de campaña, lo que explica por qué cualquiera que haya seguido de cerca esta carrera presidencial podría con toda probabilidad distinguir hace a Mark Penn o a David Axelrod, los directores de campaña de Hillary Rodham Clinton y Barack Obama, en un bar. Sin embargo, referirse a ellos de forma genérica como "asesores", como si fueran necesariamente expertos en la misma materia, es emborronar diferencias importantes en torno a cómo han llegado hasta donde están.
Esta lucha larga y extraordinaria entre Clinton y Obama ha resultado ser un estudio no sólo de la inteligencia y de los puntos ciegos de los propios candidatos, sino también de los de los asesores en los que más confían y a los que tanto dinero pagan.
Axelrod viene del mundo de la publicidad, una persona que ha dominado el arte de encerrar una vida entera en 30 segundos y que tiene el talento de contar historias personales de forma que la gente las pueda entender. El credo de Axelrod, la idea que le ha hecho tener éxito allí donde otros podrían .haber fracasado, consiste en que, en la actualidad, en las campañas lo importante no son los secretos políticos o el currículum del candidato, sino una narrativa más personal, más visceral.
Probablemente ésta es la razón principal por la que Obama, desde el primer momento, se ha centrado casi de forma exclusiva en los temas generales de la "esperanza" y del "cambio". Su campaña posee todas las características de un anuncio político: las palabras conmovedoras, las imágenes bonitas, la línea argumental simple y elegante de un sistema político en ruinas y el hombre al que le ha llegado su momento. .
Obama demostró la constancia de este enfoque en la noche que perdió en Ohio y Tejas. Clinton se había pasado la semana anterior ridiculizando sin piedad a Obama, tachándole de ser alguien que pronuncia discursos bonitos e imprecisos pero que no está versado en los ámbitos más especializados del gobierno. Yparece que estos ataques surtieron efecto.
Pero cuando Obama subió al podio en San Antonio, parecía estar dispuesto a reafirmar a Clinton en su crítica o, por lo menos, no intentó refutarla. Obama se volvió a sumergir tercamente en su familiar narrativa de inspirar un movimiento. Ésta es la fe casi desafiante que tienen Axelrod y su candidato en el poder transformador de su historia.
Penn, por otro lado, es un experto en sondeos y, como tal, suele enfocar las campañas como una serie de datos que se pueden diseccionar y que o atraen a los votantes o los alejan. Elabora un plan de asistencia sanitaria y un plan económico que causen buena impresión en e170% de la población. Presta atención a las palabras con las que aumenta el número de votantes en grupos específicos como, por ejemplo, "soluciones de verdad para Estados Unidos" o "lista para gobernar desde el primer día".
El foco de atención permanente de Clinton en el pragmatismo y la especificidad, así como su disposición a cambiar de eslogan, no son una mera consecuencia de su personalidad, sino que también se deben a la perspectiva estratégica de Penn, que da más importancia a las ideas comprobables que a las imágenes y a los temas dramáticos.
La influencia de Penn quedó de manifiesto recientemente cuando Clinton y su marido empezaron a hablar de repente de la posibilidad de incluir a Obama como candidato a la vicepresidencia, a pesar de que Clinton le ha menospreciado una y otra vez afirmando que le falta mucha experiencia para poder ocupar el Despacho Oval. Parece probable que Penn sometiera esta cuestión a un sondeo tras las victorias en Ohio y Tejas y viera que tenía cierto atractivo. Por consiguiente, la campaña comenzó de forma abrupta a martillear con un nuevo mensaje, uno que socavaba su crítica principal a Obama, con el objetivo de atraer a algunos sectores críticos entre los votantes que salían reflejados en los últimos datos.
Las historias de Axelrod han creado un héroe dinámico que a veces parece ajeno a los aspectos prácticos de lo que significa gobernar, y los datos de Penn han construido una plataforma creíble presentada por una candidata cuya teoría delliderazgo puede parecer limitada.
Lo que les encanta a los votantes de un candidato lo echan de menos en el otro.“
14 mayo, 2008
Obama, Mac - Hilary, PC
La conclusión es que la página de Obama se diseñó para un público joven y entendido en tecnología. Es más armoniosa, con espacios en blanco, en una gama de colores de azules claros y con elementos y presentaciones integrados al estilo Mac.

Sin embargo, la página de Clinton emplea un esquema de color más tradicional en azul oscuro. Presenta unas líneas más marcadas que dividen los contenidos y utiliza iconos insulsos junto a los botones para ofrecerse como voluntario. Es más regia y frenética, muy del estilo de los PC, según el columnista.
07 marzo, 2008
Estrategias electorales
La estrategia del PSOE de movilizar el voto de la izquierda no es un misterio, quiere que todos y todas vayamos a votar y que lo hagamos con fuerza. Sin embargo, la estrategia del PP no estaba clara, un tanto difusa y de baja intensidad como nos tiene acostumbrados en otras elecciones; pero no, por Gabriel Elorriaga, Secretario de Comunicación del PP, nos enteramos que ha confesado al “Financial Times” el diario de la élite financiera occidental que la estrategia del PP durante la campaña es hacer flaquear la voluntad de los votantes socialistas mediante la siembra de dudas sobre la economía, la inmigración y la política territorial con el fin de que se queden en casa y se abstengan.
El objetivo según el experto en comunicación popular, es lograr en los votantes socialistas una abstención lo suficientemente grande como para lograr que el PP alcance la victoria. “Será complicado incrementar los votos dado que el PP tiene ahora un imagen muy de derechas”, ha reconocido Elorriaga al diario británico.
Les dejo con el enlace del artículo del “Financial Times” firmado por Leslie Crawford, titulado “Right sows doubt among waverers”
14 febrero, 2008
La técnica: “Yes, we can”
Yes, we can! se ha convertido en un hit parade en el que sale hasta la actriz Scarlette Johanson. Sus mítines se han convertido en espectáculos de música, emociones e ilusiones al más puro estilo de las iglesias evangélicas y la cultura afroamericana. Sin duda, el mejor show de las primarias. Les dejo el vídeo.
13 febrero, 2008
Vídeo-Vips
Qué derroche de alegría, es que me parto de la alegría... estos asesores de comunicación es que ya no saben qué inventar. En contestación a la campaña de la crispación y el catastrofismo del PP se han sacado la Plataforma de Apoyo a Zapatero con un logo que no sé si son exactamente las cejas del candidato socialista y un manifiesto que han llamado “Defender la alegría”.La Plataforma cómo instrumento para movilizar el voto de la izquierda está bien, pero el vídeo-clip vips, en el que vemos a Pedro Almodóvar, Sabina, Bosé, María Barranco, el matrimonio Víctor-Ana Belen, Serrat y ... ¡Miquel Barceló! Rezuman todos alegría cantando al estilo de “We are the children“ un poema de Mario Benedetti... me parece un vídeo muy risueño a la par de que me ha sorprendido ver nuevas caras vip-propsoe, no sé si el PP puede dar contestación con otro vídeo-vips cantarín, aunque no sé quién aparecería, además de Norma Duval.
Les dejo el vídeo para que saquen sus conclusiones.
29 enero, 2008
La importancia de los apoyos vips

¿Qué sería de los resultados electorales sin esos apoyos vips o de las estrellas de turno a los partidos políticos, o como en USA, a candidatos concretos?
Zapatero ya se buscó sus apoyos políticos nombrando a toda una comisión de intelectuales donde uno de ellos, el premio nobel de economía, se paseó por los medios de comunicación, hace pocos días, para contar las bondades de la legislatura socialista.
Ahora nos sorprendemos con que una parte del clan Kennedy, Ted Kennedy y Caroline, la hija del asesinado JFK, los pesos pesados del clan, apoyan efusivamente a Obama; mientras que los hijos del otro hermano asesinado, Robert Kennedy, apoyan a Hillary.
Hay que recordar que Ted apoyo también a candidatos como Kerry y Al Gore y no ganaron las elecciones.
El apoyo de Caroline a Obama, ha sido mucho más emotivo, en su artículo de opinión publicado ayer en el “The New York Times” y titulado “Un presidente como mi padre”, escribe: “Por primera vez, creo haber encontrado al hombre que puede ser ese presidente, no sólo para mi, sino para toda una generación de estadounidenses”.
14 diciembre, 2007
Deshojando la margarita del debate

Siempre que llegan las elecciones generales suenan los tambores de los debates electorales. Al principio, parece que quieren debatir todos los líderes; después, cuando ven los puntos que sacan unos partidos y otros en las encuestas electorales, los jefes de las campañas se vuelven hacer replanteamientos de si “nos” interesa debatir o no y de qué ganamos y perdemos si hacemos un debate en televisión.
España, ya lo sabemos, no es un país en el que sus líderes estén interesados en debatir; recordemos que el último cara a cara fue hace unos catorce años, allá por 1993 entre Felipe González y José María Aznar.
En esta semana, nos hemos enterado que se han reunido los coordinadores de las campañas del PSOE y del PP, José Blanco y Pío Cabanillas, para establecer dos debates cara a cara entre Zapatero y Rajoy en televisión. Uno que se celebraría en la primera semana de precampaña o la primera de campaña; y el segundo debate, en la última semana de la campaña.
Las elecciones se celebrarán el 9 de marzo próximo y apuesto mi apartamento en los Alpes franceses a que no veremos ni un solo “cara a cara” entre los líderes; se pondrán pegas de última hora de que si no me conviene la tele pública, ni la escenografía planteada, ni la silla, ni la mesa, ni el presentador como se peina.
Soy la primera que quisiera ver un debate político entre nuestros dos líderes para analizar el discurso, la comunicación no verbal, la defensa, los argumentos, los ataques... pero pensando como un consultor político... antes de divertir al público con un debate, está si hacer un cara a cara interesa, o no, políticamente para captar votos en las elecciones y eso depende de cómo vaya “la carrera de caballos” en ese momento.
Bipartidismo imperfecto español
No soy muy partidaria de poner textos que salen en los periódicos, pero se habrán dado cuenta que sí abundan por el blog. ¿El por qué?, no puedo reprimir algunas opiniones y columnas sesudas de algunos y algunas especialistas que reconozco que dan una visión global al conjunto de la política sea en su dimensión ideológica o técnica; y eso siempre hace más vivo y variopinto al blog.
Les dejo con una columna que publicó ayer el diario “El País” de Joseph Ramoneda, que lleva por título “La manta” y plantea cuestiones como el bipartidismo imperfecto español y que nos deberíamos preguntar (buena pregunta) el por qué los partidos de la derecha han conseguido unificarse y la izquierda no.
La manta
Los dos principales partidos españoles -el PSOE y el PP- tienen que abarcar un espacio político tan extenso que es casi imposible tallar una manta ideológica que lo cubra por entero. De modo que, especialmente en vigilias electorales, vemos cómo los esfuerzos para hacer llegar el manto protector a todos los vértices del espectro ideológico producen efectos inesperados. El sistema político español evolucionó desde el primer momento hacia el bipartidismo. Un bipartidismo imperfecto, debido a la resistencia de Izquierda Unida a desaparecer y a los partidos nacionalistas y regionalistas a los que el Estado autonómico ha dado un plus de representatividad que da una sana complejidad al sistema y dificulta la formación de un rodillo PSOE-PP que allane la pluralidad de España. Aunque ahora no viene al caso, sería interesante preguntarse por qué la derecha ha conseguido su unificación y la izquierda no. Probablemente las luchas a muerte entre socialistas y comunistas en el pasado pesen todavía alimentando la psicopatología de las pequeñas -o grandes- diferencias.
El resultado de todo ello es que PP y PSOE cargan sobre sus espaldas la representación de unas bases electorales tan diversas que es imposible que todos y cada uno de los electores se sientan cómodos con su voto. La proximidad electoral además alimenta el eterno fantasma de la política democrática: el fantasma del centro. El centro es un espacio vaporoso al que se atribuye el poder mágico de decidir las elecciones. Por tanto, vigilias electorales, todos virando al centro.
El Partido Popular durante toda la legislatura ha mostrado su perfil más duro e intransigente con una guerra sin cuartel contra el Gobierno, en la que no ha reparado en gastos, ni siquiera en materia de política antiterrorista. Se decía que el objetivo era mantener vivo en su electorado el resentimiento por la inesperada derrota de 2004, con la idea de que si los suyos se mantenían firmes en su voto, la desmovilización de la izquierda haría el resto. Curiosamente, cuando han dado algunos signos de moderación y han hecho tímidos gestos de distensión, se han producido dos efectos no deseados: la fidelidad de su electorado, que se había mantenido en torno al 80%, ha empezado a decaer -y van ya tres Pulsómetros de Opina en esta dirección- y los ciudadanos que hasta ahora repartían bastante por igual la responsabilidad de PP y PSOE en la falta de consenso contra el terrorismo, señalan muy mayoritariamente al PP como principal culpable.
También en el espacio socialista se ponen en evidencia las dificultades de tirar de la manta hacia el centro sin dejar al descubierto el flanco izquierdo. Se palpa cierta desconfianza mutua entre el PSOE y el electorado de izquierdas. Zapatero, que sabe perfectamente de la facilidad con que un sector de la izquierda se desmoviliza, respondió de inmediato al voto masivo del 14-M con la retirada de las tropas de Irak. Daba en este sentido una gratificación a aquellos electores que dudan de si merece la pena ir a votar. Pero, al mismo tiempo, se puso el listón muy alto. La dureza del Partido Popular ha mantenido la tensión durante la legislatura y, en este sentido, ha jugado como aliada de Zapatero. Algunas iniciativas, sobre todo en materia de derechos civiles, reforzadas por la reacción nacionalcatólica, han mantenido viva la llama. Pero ha llegado la hora del giro al centro, diseñado por los estrategas electorales, como ha contado este periódico, y, por tanto, el momento de sacrificar algunos de los elementos programáticos a los que los votantes más volátiles de la izquierda podían ser más sensibles. De modo que se oyen cada día más voces que se preguntan ¿por qué siempre somos nosotros los que tenemos que ceder? El desconcierto aumenta cuando se asumen acríticamente los tópicos de la derecha, por ejemplo, que bajar impuestos es bueno por definición; o cuando se responde a la agresividad de la Conferencia Episcopal con la renuncia a acabar con los privilegios económicos de la Iglesia, lo único que realmente les pondría en vereda; o cuando se aplazan, por demasiado radicales, reformas que ya se habían prometido para esta legislatura; o cuando, en busca de legitimidad patriotera, se recupera a un personaje del pasado, cuyo narcisismo infinito garantiza problemas a raudales.
Decía François Mitterrand que para ganar unas elecciones lo primero es hacer el pleno de los tuyos, y que, si se consigue, lo demás se da por añadidura. Si, como dicen los estudios de opinión, la izquierda es ideológicamente mayoritaria en España, el argumento de Mitterrand tiene todavía más fuerza. Un exceso de confianza en el voto del mal menor puede hacer que se pierda por la izquierda lo que se gane por el centro. Los electores de izquierda también tienen su corazoncito.
09 diciembre, 2007
¿Quién decide las elecciones generales españolas?
El segundo artículo de la politóloga Belén Barreiro se sitúa en la creencia de que es el centro político y moderado el que decide las elecciones españolas, considerando a esos dos millones de votantes volátiles y pendulantes situados en ese centrismo los que determinan las elecciones.
Les dejo con la interesante lectura:
El poder decisorio de la 'izquierda volátil'
César Molinas
Los votantes centristas no son los fundamentales para lograr el triunfo electoral en España, sino aquellos que oscilan entre el PSOE, IU o la abstención. El PP puede ganar, pero lo tiene 'a priori' cuesta arriba.
La creencia de que las elecciones generales en España son decididas por los votantes centristas es incorrecta. La evidencia empírica muestra que estos votantes, definidos como aquellos cuyo voto oscila entre el PSOE y el PP, tienen escasa relevancia. Los votos decisivos son los de la izquierda volátil, aquellos que oscilan entre el PSOE, IU y la abstención. Esto equivale a decir -y sé que la equivalencia no es obvia- que en las elecciones generales el PP siempre juega en campo contrario: las puede ganar, pero lo tiene a priori cuesta arriba. En este artículo me propongo mostrar que estas afirmaciones y equivalencias están respaldadas por los datos electorales y, también, extraer algunas consecuencias que me parecen interesantes.
En primer lugar, analizaré los resultados de las elecciones generales desde 1982 con el objetivo de cuantificar el voto centrista y el de la izquierda volátil. En segundo lugar, y aunque este artículo trate de elecciones generales, recogeré algunas enseñanzas de las elecciones locales del 27 de mayo pasado. En tercer lugar, me detendré en la relación que existe entre el voto al PSOE, por una parte, y la abstención y el voto a IU por la otra. En cuarto lugar, discutiré hasta qué punto un incremento notable de la abstención en Cataluña puede hacer perder al PSOE las elecciones de 2008. Por último, haré observaciones sobre las estrategias de los dos grandes partidos estatales.
Con una única excepción: en el último cuarto de siglo, España ha votado mayoritariamente izquierda. Desde 1982 ha habido siete elecciones generales. En seis de ellas la izquierda (PSOE, IU y sus antecesores) obtuvo entre un mínimo de 2,3 y un máximo de 3,5 millones de votos más que la derecha (PP, aliados regionales y sus antecesores). Sólo en las elecciones de 2000, que tuvieron la tasa de participación más baja de la actual etapa democrática (69%), la derecha superó en votos a la izquierda: la diferencia fue de 1 millón de votos. En 2000 la izquierda perdió 2,7 millones de votos respecto a 1996, de los cuales 2 millones fueron a incrementar la abstención. Esos 2,7 millones de votos los volvió a ganar en 2004. La derecha ganó 0,6 millones de votos, alcanzando su máximo histórico de 10,3 millones, pero los volvió a perder en 2004. Me parece razonable utilizar estas cifras para cuantificar los colectivos que antes he denominado votantes centristas e izquierda volátil. Los primeros pueden estimarse en 0,6 millones, que son los votos que ganó la derecha en 2000 tras una etapa de gobierno en minoría del PP en la que hizo gala de moderación y de buena administración. Esta cifra coincide con los votos perdidos en 2004 tras una etapa de mayoría absoluta en la que la arrogancia sustituyó a la moderación y en la que se tomaron decisiones, como la guerra de Irak, alejadas del sentir de muchos ciudadanos.
Cabe señalar que esos 0,6 millones de votos no decidieron las elecciones de 2000: el PP hubiese seguido gobernando aunque no los hubiese obtenido. Lo decisivo fue el desplome de la izquierda por la huida del voto volátil. Esta izquierda volátil puede estimarse en unos 2 millones de electores: los que votaron a la izquierda en 1996, se abstuvieron en 2000 y volvieron a votarla en 2004.
Las elecciones locales de mayo de 2007 ilustran bien que el voto de la izquierda volátil es decisivo en España no sólo en las elecciones generales, sino también en elecciones de otro tipo.
En el conjunto de España, y relativo a las elecciones locales de 2003, el PSOE perdió 240.000 votos, pero el PP sólo ganó 38.000. La aplastante victoria del PP en el municipio de Madrid resultó de una pérdida de 139.000 votos para el PSOE y de una ganancia de tan sólo 709 (sí, setecientos nueve) para el PP. La izquierda volátil volvió a decidir, esta vez a nivel local. No hay trazos de un trasvase significativo de votos del PSOE al PP. Además, el carácter decisorio del voto de la izquierda volátil no es un rasgo exclusivo de la actual etapa democrática. En las elecciones de 1933, la izquierda volátil -entonces el anarquismo- se abstuvo. Y ganó la derecha. En 1936, los anarquistas fueron a las urnas y los votos se incrementaron en más de 1 millón.
Ganó la izquierda. No tengo ni conozco ninguna explicación convincente de por qué en España la izquierda volátil tiene este carácter decisorio, que no ha menguado ni tan siquiera con la aparición de una numerosa clase media en la segunda mitad del siglo XX. Sea cual sea la explicación, en esto los españoles somos atípicos. En la mayoría de los países de nuestro entorno la alternancia en el poder la deciden los votantes de centro, que votan ora a la izquierda ora a la derecha. Aquí, por algún motivo, somos diferentes.
Paso ahora a desarrollar el tercer punto de mi argumentación. Si bien, según mis definiciones, derecha y PP son casi sinónimos, izquierda y PSOE no lo son. En 1996 la izquierda obtuvo 12,06 millones de votos y la derecha 9,76 millones. En 2004 se repitieron las cifras: la izquierda obtuvo 12,06 millones de votos y la derecha 9,72 millones. En el primer caso ganó las elecciones el PP y en el segundo el PSOE. La diferencia la marcó el resultado de IU, que obtuvo un 11% de los votos totales en 1996, su máximo histórico, tras la memorable pinza Aznar-Anguita, y solamente un 4% del total en 2004. Un análisis estadístico de los datos electorales utilizando modelos sencillos de regresión, que cualquiera puede replicar descargando los datos del Ministerio del Interior en una hoja de cálculo, ofrece los siguientes resultados: 1. Existe una relación estadística muy significativa entre el porcentaje de votos totales válidos que obtiene el PSOE, por una parte, y el porcentaje de participación en las elecciones y el porcentaje de voto a IU, por la otra parte; un aumento de la participación electoral de un 1% causa un aumento del porcentaje de voto al PSOE del 0,6%, mientras que un aumento del porcentaje de voto a IU del 1% causa una disminución del porcentaje del voto al PSOE del 1%. 2. No existe ninguna relación estadística significativa entre el porcentaje de votos totales válidos que obtiene el PP y el porcentaje de participación en las elecciones. En román paladino, estos resultados quieren decir lo siguiente: con una participación lo suficientemente alta y con un voto a IU lo suficientemente bajo, el PSOE siempre ganará unas elecciones generales, haga lo que haga el PP. Esta "ley de hierro" fundamenta las afirmaciones y la equivalencia enunciadas en el primer párrafo de este artículo.
Con los parámetros mencionados en el párrafo anterior se puede construir una tabla de doble entrada para estimar el porcentaje del voto total al PSOE en función de la participación electoral y del porcentaje de voto a IU. Esta tabla, que, insisto, todo el mundo puede construirse, muestra que es improbable que el PSOE gane las elecciones de 2008 si el voto a IU se mantiene en el 4% y la participación cae por debajo del 71% (en 2004 fue el 76%). Si el voto a IU subiese al 6%, el PSOE necesitaría una participación del 74% o superior para ganar. Si bien una participación superior al 71% parece probable, una participación del 74% (coincidente con la media histórica) parece más difícil de conseguir. Este mismo tipo de tabla puede utilizarse para evaluar los efectos que tendría un gran aumento de la abstención en Cataluña, como resultado de la sensación de desgobierno que podrían tener los votantes de esa comunidad. Si la participación catalana cayese hasta el 64%, el mínimo histórico alcanzado en 2000, el PSC podría perder 3 o 4 escaños y entonces el PSOE necesitaría una participación mínima del 73% en el resto de España para seguir gobernando, algo que me parece complicado pero no imposible. No pueden descartarse participaciones inferiores al 64% en Cataluña. En este caso, el PSOE lo tendría muy difícil para ganar en 2008.
Para concluir, quiero recalcar que la metodología agregada y "de arriba abajo" usada en este artículo ignora aspectos tan importantes del proceso electoral como la Ley d'Hondt o la incorporación al censo de nuevas cohortes. Sin embargo, considero que es la mejor para obtener una visión de conjunto de la problemática electoral, que muchas veces se pierde en el análisis desagregado por circunscripciones. La izquierda volátil es un conjunto heterogéneo con pocos denominadores comunes, todos ellos negativos. Es común su rechazo frontal al PP y a todo lo que representa la derecha. Es común también su desdén hacia el PSOE, al que votan tapándose la nariz cuando le votan. Por lo razonado hasta aquí, el objetivo principal de una campaña electoral, de cualquier campaña electoral, en España debe ser para el PP que no vayan a votar los que le detestan y para el PSOE que acudan a las urnas los que le desprecian. ¿Son consistentes sus estrategias electorales con estos principios?

El centro decide las elecciones en España
Belén Barreiro
El PSOE ganará si unos dos millones de ciudadanos moderados castigan la estrategia de la crispación de un PP más próximo a los 'neocon' estadounidenses que a los conservadores británicos.
De las nueve elecciones generales celebradas en España, cuatro las han ganado partidos de centro o de derecha, mientras que la izquierda, representada por el PSOE, se ha hecho con la victoria en las cinco ocasiones restantes. Teniendo en cuenta que las encuestas demuestran sistemáticamente que en nuestro país hay bastantes más ciudadanos de izquierda que de derecha, no deja de llamar la atención el triunfo de los centristas y de los conservadores en casi la mitad de las convocatorias.
Las principales razones que explican el relativo equilibrio en las victorias electorales son, por un lado, la división de la izquierda en dos partidos (PSOE e IU) y, por otro, la mayor tendencia de los ciudadanos progresistas a no votar al PSOE, eligiendo, entre otras opciones, la abstención. Así, mientras que las victorias del PP están sujetas a que la izquierda no se movilice en exceso, los triunfos del PSOE no dependen de lo que se haga en el campo ajeno.
En un artículo de opinión publicado recientemente en este diario (11-11-2007), César Molinas llama la atención sobre las condiciones que deben cumplirse para que el PSOE gane las próximas elecciones en España: un voto a IU lo suficientemente bajo y una participación lo suficientemente alta. Mediante el análisis agregado de los resultados de las elecciones, cuyos datos se obtienen, como bien señala el autor, en la página web del Ministerio del Interior, se especifican en este interesante artículo los parámetros que podrían conducir a la derrota socialista: un voto a IU que supere el 4% y una participación por debajo del 71%.
Coincido con estas observaciones, cuyos fundamentos -especialmente la dependencia entre el voto al PSOE y la abstención- ya habían sido tratados en varios estudios de sociología política a partir de la explotación de las encuestas postelectorales del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
En su artículo, Molinas va más allá de este hallazgo y concluye que no son los votantes centristas los que deciden las elecciones en España, sino la izquierda que oscila entre el PSOE, IU y la abstención, calificada de izquierda volátil. La tesis se basa en las variaciones de voto entre elección y elección. Sin embargo, estas variaciones no permiten extraer conclusión alguna sobre la ideología de los electores, lo mismo que tampoco dejan conocer otras de sus características, como su edad, su clase social, sus actitudes religiosas, u otros atributos. Los flujos de voto entre elección y elección son ciegos con respecto a los perfiles políticos y sociales de los ciudadanos.
Esta observación va más allá de una discrepancia puramente metodológica: el problema no está en el método, sino en la pretensión de extraer una conclusión política de cierta trascendencia -las elecciones no se juegan en el centro- sin tener información alguna sobre la ideología de los que cambian de voto o de los que entran y salen del electorado. Esta información sólo puede obtenerse analizando la posición ideológica de los ciudadanos: para ello, se debe recurrir a las encuestas, el método que nos permite complementar los análisis agregados de los resultados electorales.
Según Molinas, los 600.000 votos que el PP gana en 2000 y que pierde en 2004 son el grupo de votantes centristas que hay en España. Por su lado, la izquierda volátil contendría a los dos millones de electores que perdieron los partidos de izquierda, el PSOE e IU, en 2000 y que habrían sido recuperados en 2004.
Varias observaciones son pertinentes. En primer lugar, el centro no puede cuantificarse sin más por lo que el PP gane o pierda. Sabemos, por las encuestas, que en España hay aproximadamente un 20% de centristas declarados, muchos más de los que Molinas estima. Estos ciudadanos son clave para determinar las victorias electorales. Los datos poselectorales del CIS revelan que el partido que gana las elecciones en nuestro país es, sistemáticamente, el más votado en el centro político (la posición 5 de la escala ideológica de 1 a 10). Ningún triunfo, ni del PP ni del PSOE, se ha producido sin haber ganado en el centro.
En segundo lugar, aproximadamente otro 20% del electorado, tanto en España como en otras democracias, no declara su ideología. La peculiaridad de estos ciudadanos, tanto aquí como fuera, es su tendencia a ponerse del lado del partido que gobierna. Salvo en las elecciones de 1996, en las que el PSOE gana el pulso al PP entre los que no tienen ideología pese a irse a la oposición, las demás victorias electorales de los dos partidos se han producido con el respaldo de estas personas. Por tanto, con la excepción señalada, el partido que llega al Gobierno en España es aquel que gana el pulso electoral tanto en el centro como entre los ciudadanos sin ideología, que, sumados, representan el 40% del electorado.
En tercer lugar, pese a que en nuestro país la media ideológica de los que no votan esté escorada a la izquierda, la bolsa de abstencionistas también se nutre de centristas y sobre todo de individuos sin ideología declarada. De hecho, son precisamente estos últimos los que más se abstienen, más de lo que lo hacen los ciudadanos de la izquierda (posiciones 3 y 4 de la escala ideológica). Otra cuestión es que el PSOE, a diferencia del PP, haya tenido históricamente ciertas dificultades para mantener a su electorado ideológicamente más próximo. Mientras que los populares logran el apoyo de casi todos los ciudadanos que se sitúan en la derecha, el PSOE no logra que la izquierda cierre filas. Las elecciones de 2000 representaron, en este sentido, el momento más dramático: únicamente el 48% de los que se decían de izquierdas (posiciones 3 y 4) votaron al PSOE. En las elecciones de 2004, sin embargo, la atracción del voto de izquierda fue casi tan alta como en las elecciones de 1986: el 68% votó socialista. Este porcentaje sigue estando, en cualquier caso, por debajo de la capacidad de atracción del PP, que logra que le vote el 80% de la derecha.
Esta diferencia en la capacidad de los dos partidos para atraer a los suyos se debe también a la heterogeneidad de los que se declaran de izquierda. En este grupo ideológico se encuentran bastantes votantes nacionalistas, que optan por partidos que defienden sus ideas en otro eje de competición, como es el eje territorial, pero también ciudadanos que, situándose en posiciones próximas a las del PSOE, simplemente se definen como liberales. Dado el pasado franquista de España, cabe pensar que haya ciudadanos que se sitúan en la izquierda por recelar de la derecha sin sentirse necesariamente socialistas.
En suma, las condiciones de la victoria electoral del PSOE son, para bien o para mal, más complejas de lo que se da a entender en el artículo de Molinas. El PSOE, como otros partidos socialdemócratas, se nutre de individuos ideológicamente diversos. Entre sus votantes, fieles o potenciales, se encuentran socialistas o socialdemócratas convencidos, pero también personas con perfiles ideológicos indefinidos, y ciudadanos que simplemente apuestan por la serenidad y la templanza. En el diseño de sus estrategias, el dilema para el PSOE consiste precisamente, como si de un juego de malabaristas se tratase, en hallar equilibrios.
Y a este electorado tan diverso al que el PSOE debe apelar, no sólo le une el rechazo a un PP que ha optado en los últimos tiempos por rehuir de la moderación, acercando más sus posiciones a la derecha norteamericana que a la británica, sino también la apuesta por un país eficiente que no renuncie a mejorar los servicios públicos y las políticas de bienestar. La balanza se inclinará del lado del PSOE si, en este final de legislatura, los ciudadanos moderados quedan convencidos de que la tensión en el clima político responde a una estrategia de la derecha, que es deliberada, como bien ha mostrado el Informe sobre la democracia en España (2007) de la Fundación Alternativas. Pero también si se les persuade de que las políticas emprendidas en estos últimos años son las que promueven el progreso de España.
02 diciembre, 2007
14 intelectuales asesorarán a Zapatero en su programa electoral
Tres premios Nobel: la neocelandesa y militante antinuclear, Helen Caldicott y la keniana Wangari Maathai (de la Paz); Joseph Stiglitz (de Economía); Jeremy Rifkin, economista; Marie Duru-Bellat, socióloga; Torben Iversen, experto electoral; George Lakoff, experto en comunicción; Wolfgang Merkel, politólogo; Guillermo O’Donnell, politólogo; Nicholas Stern, especialista en cambio climático y autor del informe sobre ese mismo tema para Blair; Philip Pettit, politólogo; María Joao Rodríguez, socióloga; André Sapir, economista y Barbara Probst, escritora. En total un grupo de cinco mujeres y nueve hombres. Qué raro que no se guarde la paridad con lo que le gusta a Zapatero.
Recordemos que ya en el programa electoral anterior de las elecciones del 2004 ya contó con el llamado “comité de sabios” de producto nacional en el que se encontraban José Bono, Rodríguez Ibarra, Peces Barba o Solbes.
A estos 14 magníficos internacionales los reunirá al menos una vez al año; me pregunto dos cosas, quién les pagará ¿el partido socialista? Y ¿sabrán todos estos sabios extranjeros la realidad española para poder asesorar con buen tino?
09 noviembre, 2007
Qué hacemos con un líder que pesa y dice cosas que no son

Así, el titular de ayer de “El País” “Aznar siembra más dudas sobre los autores del 11-M y el PP le desautoriza”
El Subtítulo es revelador: “Juan Costa señala que es Rajoy el que marca la línea, y defiende “mirar al futuro”
Queda claro que el PP es unicéfalo y que tiene a su líder Rajoy para lanzar los mensajes adecuados a los medios informativos. Por favor, que alguien se lo diga a Aznar.
05 noviembre, 2007
7 segundos para saber si un político nos gusta

Drew Western, experto en psicología política ha realizado un estudio en EEUU en el que asegura que el electorado evalúa y califica al candidato antes de que diga su primera palabra.
28 octubre, 2007
Polémico cartel electoral en Suiza

Cartel que representa el territorio suizo, con la cruz blanca y tres “inocentes” ovejitas blancas, clara alusión a los tres fundadores de la Confederación Helvética, cuando una de ellas da una coz a otra ovejita negra para echarla del territorio. Al lado el título “Creando seguridad”.
Metáfora literal de “mi partido está por la expulsión del país de los extranjeros”. El caso es que Christoph Blocar, el líder del partido conservador, Unión Democrática de Centro UCD, declarado xenófobo y racista, ha ganado las elecciones federales con un 29% de los votos. La mayor proporción obtenida en Suiza por un partido político.
El Partido Popular suizo quiere impulsar una ley que autorice la expulsión de familias extranjeras si alguno de sus miembros es acusado de delitos violentos, drogas o fraude.
27 mayo, 2007
Videos electorales
El vídeo del alcalde de IU Rivas Vaciamadrid al que apoyan numerosas caras conocidas, entre ellas, Almudena Grandes haciendo de pescadera en un mercado, es el que más humor ha puesto.
El vídeo del PSOE, es un intento de movilizar al electorado y ha recurrido al conflicto de Irak, las mentiras del 11-M y los principales logros sociales del Gobierno socialista.
El vídeo del PP, todo muy naranja y con el adjetivo de “confianza” por todos los lados.
Campaña electoral para un falso candidato

El candidato: un glamuroso, guapo y extrovertido modelo al que han puesto el nombre del centro comercial, y que en realidad se llama Fernando Costa
Su eslogan: “Por una valencia con estilo”.
En su programa propone lindenzas del tipo: transporte público descapotable, carril para caballos, dos horas diarias para tomar el sol por ley, cambiar los duros bancos de los parques por otros de cuero, multar a los coches que estén sucios (aunque se subvencionará el lavado a todos los ciudadanos), un túnel subacuático que conecte Valencia con Ibiza, la creación de una estación de esquí, subvencionar los gimnasios y otras propuestas tan poco comunes y que nos vendrían también. Les dejo el vídeo.
Todo es en realidad publicidad comercial que ha aprovechado el tirón de las elecciones municipales para darse a conocer pero que creo que habrá confundido a más de un votante al buscar la papeleta del apuesto candidato y no encontrarla. La idea era buena pero el momento no era el adecuado. Eso sí, ha conseguido todas las expectativas de difusión al enganchar a muchos y conseguir su propósito.
Carteles electorales con ideas
1.- El candidato a la alcaldía de Vélez (Málaga) por el PP ha presentado un cartel que simula una cajetilla de tabaco que avisa de que Souvirón, alcalde socialista actual, perjudica... seriamente la salud; le propone que lo deje y que con el PP llegará “aire limpio”.
2.- Otra creativa campaña y novedosa es la que ha presentado Manolo Lay candidato por IU en el pueblo sevillano de Dos Hermanas. El tradicional y soso cartel photoshopeado ha dado paso a la viñeta electoral que seguro tendrá sus adeptos entre los jóvenes votantes. En estrategia electoral es importante saber donde se sitúa tu target, que dicen los publicistas, para hacer la publicidad conforme a ese público objetivo y electoral que se está buscando.
Los tiempos cambian y hay que impactar a los ciudadanos positivamente y de forma creativa para llamar su atención y conseguir su voto.
