"No cabe la menor duda de que en los últimos meses la figura de Pablo ha sufrido un desgaste importante". Abril de 2015. Las elecciones autonómicas y municipales están a la vuelta de la esquina y Podemos se ha desinflado en las encuestas. Podemos pone en marcha su maquinaria de comunicación y redacta un detallado informe en el que desgrana cómo debe comportarse Pablo Iglesiaspara convertirse en un buen presidenciable: qué mensajes repetir, cuáles evitar, cómo volver a ser "gente normal" y parecer más cercano.
"Se trata de mostrar que no somos políticos al uso, cerrados en el cálculo y la diplomacia", apunta el informe, de 38 páginas. Sin embargo, nada se deja a la improvisación. El análisis interno al que ha tenido acceso EL PAÍS, tituladoEstrategia de comunicación del secretario general, recomienda incluso qué gestos debe cuidar Iglesias para "no caer en la soberbia". O el tono que tendría que emplear cuando hable en público, "menos de mitin y más narrativo o explicativo".
Los asesores de Podemos empiezan por diagnosticar qué ha provocado el desgaste de Iglesias como líder. Hablan de dos ideas problemáticas: el "agotamiento del discurso" y el "endiosamiento/arrogancia" de la cabeza visible de la formación. El informe no rehúye los aspectos negativos, de los que parte para intentar busca soluciones. "Hace un año Pablo Iglesias (y otros) era gente normal, de modo que podía hablar en nombre de la gente normal. Pero ya no lo es, ni lo volverá a ser. No puede enunciar el discurso de la gente porque ya no es gente".
La idea de la arrogancia de Iglesias aparece en varias ocasiones. Una idea que, "más allá de lo mediático", es decir, de la comparación con la supuesta cercanía de Albert Rivera que muestran los medios, tiene que ver también con cómo se presenta Iglesias y hasta con "actitudes discursivas y corporales". Por ejemplo, el líder aparece y desaparece "en una burbuja", rodeado por su equipo y los medios. Y eso puede dar la sensación de "llegar escoltado y de ser inaccesible, y de huir de la prensa y de la gente".
Tono de rapeo en los mítines
El "tono de rapeo" que emplea Iglesias en los mítines tampoco ayuda, aseguran los asesores. Ni "la estrategiahola don Pepito, hola don José de esperar que el público repita determinadas frases o respuestas". "Una mayor naturalidad y cercanía en el tono", en cambio, le acercaría a la gente.
El informe está lleno de reconocimientos de errores, como la gestión mediática de la relación con Venezuela, que ha sido "difícil y pésima", escriben. También eso ha contribuido al deterioro de la imagen del líder. Añaden que ahora (abril de 2015) Podemos es un actor plausible de Gobierno, algo que "exige una concreción y un nivel de desarrollo de las propuestas para el cual estamos todavía poco preparados". Y desligarse del relato del partido "pequeño, radical, defensivo, con maneras y conflictos de partido convencional, significado muy a la izquierda".
Los asesores insisten en que diseñar un nuevo perfil para Iglesias no consiste en construir una persona nueva, sino "dibujar un personaje público lo más parecido posible a lo que es". "Pablo tiene que volver a ser Pablo Iglesias, el tipo de la calle humilde, inteligente y ambicioso, razonable, pedagógico y transversal que pone palabras a los pensamientos y sentimientos de la mayoría", señalan.
La imagen de Pablo Iglesias, "intelectual joven, crítico y culto", puede presentar algunas debilidades, señalan los asesores de comunicación de Podemos. "El perfil de crítico, dados los rasgos timoratos de la cultura española, puede ser todavía muy estigmatizado", escriben. "El perfil joven aporta una imagen poco consolidada", añaden. Para mejorar la imagen que tienen de él los ciudadanos, el informe propone varias actividades, como entrevistas, presencia en "manifestaciones culturales de altura" o encuentros privados.
Hacer el Camino de Santiago
Los asesores proponen "elevar" la imagen de Iglesias en el aspecto cultural, para lo que ponen como ejemplo su asistencia a eventos como el festival de Otoño de Madrid o el festival de teatro de Mérida, el museo del Prado, la final de la Copa del Rey o un concierto de Leonard Cohen. También sugieren "algo más mayoritario", como "hacer el último tramo del Camino de Santiago, visitar Doñana o Atapuerca o subir al Teide".
La presencia en los medios de comunicación de Iglesias ocupa otro de los apartados del informe. Los asesores aseguran que ha estado "muy condicionado por los ataques a Podemos y cuándo no salir para evitar que las entrevistas/intervenciones de PI girasen solo sobre esos temas y dañara la imagen". La conclusión es muy crítica: "Hemos dado una respuesta deficiente a la gran presión a la que está sometido Pablo por la prensa y por la gente en general cuando aparece en público".
El informe recoge cómo Iglesias fue desapareciendo poco a poco de la primera línea en los medios de comunicación. Dejó de ser tertuliano en los debates de la televisión y ya solo acudía para ser entrevistado. A las tertulias empezaron a ir sus colaboradores. Los asesores reconocen que en aquella época se priorizó la aparición de Iglesias en medios internacionales antes que nacionales "por el mejor trato y porque hay más posibilidades de evitar los temas más desfavorables y de situar nuestros temas".
El informe recomienda cómo priorizar las entrevistas con medios nacionales: "Hay que estar presente en todo el espectro. El criterio nunca puede ser la afinidad".
"Nos estamos avinagrando"
La imagen de Iglesias, señala el informe, ha acusado el desgaste "sobre todo en un gesto cada vez más agotado y huraño". No transmite ilusión, sino dificultades, continúa. Los asesores comparan el gesto del líder de Podemos con la imagen que proyecta Albert Rivera, que aparece feliz y "entusiasmado" con su "misión". Iglesias, en cambio, no transmite que esté contento. "Más que moderando, nos estamos avinagrando", escriben. "Preferimos a Pablo sonriendo":
El equipo de comunicación de Podemos, que declinó responder a EL PAÍS acerca del informe, también analiza al detalle qué tipo de exposición mediática le conviene a Iglesias para volver a acercarlo al electorado y transmitir mejor los mensajes. Son conscientes de que cualquier pequeño detalle le convierte en noticia. "Si alguien difunde que está en el cine, o corriendo, o tomando unas cañas, el efecto será bueno, de persona normal y de refuerzo de su perfil y de cómo se le conoce. Solo habría que evitar situaciones comprometedoras, y cuidar a terceros (y sobre todo terceras)", concluye.
Evitar Venezuela
Los asesores creen que, a la hora de construir una buena imagen pública del líder de Podemos, tienen que evitar las comparaciones con Venezuela. "Desmarcarnos de la vinculación agresiva de Pablo Iglesias con América Latina y en especial Venezuela", recomiendan, y centrarse en "el eje de la socialdemocracia nórdica y europea" y en la proyección de buenas relaciones con el mundo anglosajón (EE. UU. y el Reino Unido).
¿Y cómo desvincularse de Venezuela? "Por medio de una aproximación a países como Brasil, Chile o incluso Colombia, que gozan de una reputación y una imagen mucho más positivas". Se trataría, continúa el informe, "de pasar de Venezuela a Iberoamérica", por ejemplo aceptando una propuesta de viaje a Chile y Brasil "para realizar encuentros con Lula o Bachelet".
Publica una encuesta el diario “El País”, sobre el barómetro de clima social de septiembre, donde el 76% de los encuestados por Metroscopia, no les gustaría que ni Zapatero ni Rajoy vuelvan a ser candidatos en las próximas elecciones.
- Publica el “The New York Times” una columna de Kate Zernike, titulada “Cuando el carisma conduce al poder”, en el que concluye que no todos los carismáticos acaban siendo grandes líderes.
Veamos la acepción que nos interesa de carisma según el DRAE: especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar.
Les dejo el texto del diario:
“Cuando asumió el poder en 1933, Franklin D.Roosevelt se enfrentaba a un país en crisis.
Cuatro de cada 10 estadounidenses en edad de trabajar no tenían empleo.
Los bancos se derrumbaban y frente a sus ventanillas se formaban largas colas ya que la gente se apresuraba a retirar sus ahorros.
El 4 de marzo, Roosevelt pronunciaba su ahora célebre discurso inaugural, en el que prometía que lo único que debían temer era "al propio miedo". En cuestión de días había conseguido una legislación que avalaba a los bancos, y el 12de marzo, acudió a la radio. "Cuando la gente descubra que puede coger su dinero -que puede sacarlo cuando quiera-, el fantasma del miedo no tardará en desaparecer", aseguraba, tranquilizando a una nación ansiosa.
Cuando los bancos volvieron a abrir la mañana siguiente, las colas habían desaparecido, como relataba Robert A. Caro en el primer volumen de su biografía sobre Lyndon Johnson, “The path to power”. Fue gracias a la legislación, pero principalmente, escribe Caro, "recuperaron la confianza por la .confianza del presidente".
¿Tildaríamos esto de culto a la personalidad? Hoy esa expresión rodea a Barack Obama, tal vez porque no hay muchas maneras de explicar cómo un senador en su primer mandato se las ha apañado para abrirse paso hasta convertirse en favorito en la carrera hacia la presidencia.
Es demasiado pronto para saber qué papel desempeñará Obama en la historia, por no hablar de si se le puede comparar con Roosevelt, como ocurre más habitualmente, con John F. Kennedy. Pero tal vez haya llegado el momento de examinar con más atención esta etiqueta que se le atribuye y cómo ha sido aplicada en el pasado.
El "culto a la personalidad" se utiliza en un sentido negativo. Pero si lo reformulamos con otro nombre -llamémoslo carisma-, y, como demuestran Roosevelt y otros, puede ser un elemento fundamental de la política y de su pariente en la práctica, el gobierno. Pero no puede ser el único elemento. "Hoy en día, los ataques al culto a la personalidad parecen ser en realidad ataques contra la habilidad de pronunciar discursos inspiradores", afirma Caro. "Pero no tenemos más que fijarnos en los momentos cruciales de la historia de nuestro tiempo para comprobar lo esencial que es tener un líder capaz de inspirar, capaz de situar a una nación por encima de la media, que pueda infundir confianza a un país y recordar a la gente la justicia de una causa".
Y advierta: "Eso no siempre se traduce en una gran presidencia".
Entonces, ¿qué apariencia tiene? El carisma, escribía Arthur M. Schlesinger, hijo, en The politics ofhope, es metafórico, "un sinónimo elegante de heroico o de demagógico, e incluso de popular". Pero también es la elegancia que Norman Mailer captó en Kennedy al escribir sobre la convención demócrata de 1960 en Los Ángeles. Mailer describía cómo aparecieron el descapotable de Kennedy, y después su bronceado y sus dientes, ante una multitud plagada de cámaras en Pershing Square, "el príncipe y los mendigos del glamur mirándose mutuamente desde lados opuestos de la calle".
Según cualquier definición, el líder carismático aparece en tiempos de crisis o de anhelo nacional. Schlesinger escribió en 1960 acerca de "un nuevo talante en la política". Reinaba, según él, "una insatisfacción cada vez mayor con las prioridades oficiales y una preocupación cada vez más profunda sobre nuestro carácter y nuestros objetivos como nación".
Eso podría explicar el ambiente que perciben ahora los seguidores de Obama. Alan Wolfe, director del Boisi Center for Religion and American Political Life, perteneciente al Boston College, opina que Obama se limita a apelar emotivamente a esos anhelos. "La política es una cuestión de gobierno, pero también de transmitir al pueblo la sensación de que participa de una empresa común con sus conciudadanos", señala Wolfe.
Los filósofos lo llaman "religión civil", empleando el lenguaje de la religión y la elevación para hablar de un país. Pero otros consideran este mismo lenguaje un culto a la personalidad más cínico. "Lo inquietante de la campaña es que ha pasado de la esperanza y el cambio a la redención", afirma Sean Wilentz, un historiador de Princeton y viejo amigo de los Clinton. "Se basa en hacerse pasar por alguien que representa a la única persona que redimirá nuestra política. Y lo que me temo es que eso acabe con la política prometiendo más de lo que la política puede ofrecer".
Desde el día en que Obama anunció su candidatura la ha bautizado como movimiento, y se ha definido a sí mismo como el artífice de un cambio generacional. Se ha burlado de su rival, Hillary Rodham Clinton, por acusarle de crear "falsas esperanzas".
La cuestión fundamental es si el carisma se traduce en medidas legislativas y cómo lo hará. Lo idóneo, dice Doris Kearns Goodwin, biógrafa de presidentes, sería una mezcla de experiencia y carisma, "el poder fundir a Clinton y Obama en una misma persona".